La terra seguirà endavant, amb nosaltres o sense nosaltres


Aquesta crisi ha
esclatat arran d’un virus que ha fet que col·lapsi el sistema sanitari de molts països. Però la crisi no és només causa d’un problema de salut. En són moltes les que s’estaven mobilitzant contra el neoliberalisme i la corrupció a Xile, l’Equador, Hong Kong, Haití, Guinea-Conakri, el Líban, França, Algèria, l’Iran o l’Iraq, mentre el jovent d’arreu del món alertava amb accions massives contra l’emergència climàtica. La crisi es palpava. La crisi era també una crisi de supervivència.

El CoVid-19 ha posat en evidència problemes que el capitalisme més voraç portava temps intentant dissimular. Una pandèmia global els ha fet surar i sortir a la superfície: sistemes sanitaris aniquilats, classes populars empobrides, treballs de cures menyspreats, sistemes educatius antiquats, persones grans abandonades, destrucció d’ecosistemes, contaminació d’aigua i aire, punitivisme desbocat, solitud social…

La maquinària capitalista ha continuat en marxa però fa anys que està malmesa. Són moltes les que l’han fet funcionar en aquest camí tortuós, sobre les seves oprimides esquenes, netejant, curant i cuinant, fent possibles les vides explotades sobre les quals se sosté el capitalisme. Són moltes les que han solucionat de manera invisible els problemes de la màquina, les que des dels inicis i sota l’explotació dels seus cossos han sostingut el capitalisme a través de la cura, el manteniment comunitari i la reproducció de la vida. Fa temps que les feministes alerten que, per sobreviure, el sistema relega a un segon pla esferes fonamentals de la vida i que, per tant, ho fa sotmetent i matant. També matant, com un virus.

En aquest sentit, els feminismes i l’ecologia —preciós entrellaçat de valors i potencials— tenen coneixements i propostes de vida que han de ser ara, per fi, escoltats i fets valdre. Perquè hi ha un paral·lelisme entre com el sistema capitalista patriarcal entén la convivència amb la natura i com entén el cos i l’existència de les dones, l’explotació de les terres i l’opressió de les persones.

És l’hora d’escoltar a aquelles que des de fa temps parlen de vida i posen el cos per la defensa del territori. De l’Índia a Llatinoamèrica, ara que alguns semblen deixar de pensar en el món com si fos immune, els coneixements de les lluites travessen fronteres amb força.

Us n’oferim un tastet, un parell d’exemples d’aquests dos racons del món:

1) l’extracte d’una entrevista realitzada a la feminista comunitària boliviana Adriana Guzmán durant la seva visita a Chiapas, l’abril del 2014, i una intervenció seva més recent i relacionada amb la pandèmia actual;

2) un article de Vandana Shiva, històrica militant dels moviments Navdanya i Chipko de l’Índia, feminista, defensora del territori i lluitadora per la sobirania alimentària i contra l’apropiació de llavors de corporacions com Monsanto. L’ha traduït i publicat el blog El rumor de las multitudes (Gala Arias Rubio) del diari El Salto.


El Patriarcado

Adriana Guzmán

El sistema que genera opresiones y explotaciones es el patriarcado. Por eso es importante reconceptualizar el patriarcado. Entender el patriarcado como El Sistema. […] Es el sistema de todas las opresiones, de todas las discriminaciones y de todas las violencias que vive la humanidad y la naturaleza. Construido históricamente sobre el cuerpo de las mujeres. ¿Y qué nos hace pensar entonces eso? Que todas las opresiones, por ejemplo, la explotación que genera el capitalismo, ¿dónde se ha aprendido? ¿Dónde la humanidad ha aprendido a explotar? ¿Dónde la humanidad aprende todos los días que puede explotar? ¿Dónde esta se reproduce? En el cuerpo de las mujeres. La humanidad aprende a explotar y a dejarse explotar porque en la casa hay una mujer que hace el trabajo de la casa: cocina, cría a los hijos… Y ni siquiera se le llama trabajo. Nunca se le llama trabajo. Estamos viviendo al lado de alguien que es permanentemente explotada y estamos explotando a alguien… Ahí está la explotación, en el cuerpo de las mujeres. Ahí se sostiene también el capitalismo, en todo el trabajo que hacemos las mujeres que no es pagado y que le beneficia al patrón, al dueño de la fábrica, a las transnacionales… El capitalismo se reproduce en el cuerpo de las mujeres. […] Las opresiones se aprenden y se sostienen en el cuerpo de las mujeres […]”.

Un virus, la humanidad y la tierra
Vandana Shiva

Un pequeño virus ha confinado el mundo, ha parado la economía global, se ha llevado por delante la vida de miles y el sustento de millones de personas.

¿Qué lecciones podemos aprender gracias al coronavirus sobre nuestra especie humana, los paradigmas económicos y tecnológicos dominantes y la tierra?

Lo primero que nos recuerda el confinamiento es que la tierra es para todas las especies y que cuando dejamos espacio y liberamos las calles de coches, la contaminación se reduce. Los elefantes pueden acceder a las zonas residenciales de Dehradun y bañarse en el Ganges en el ghat de Har Ki Pauri, en Haridwar. Un leopardo campa a sus anchas en Chandigarh, la ciudad diseñada por Le Corbusier.

La segunda lección es que esta pandemia no es un desastre natural, al igual que los fenómenos climáticos extremos tampoco lo son. Las epidemias emergentes, así como el cambio climático, son antropogénicas, es decir, causadas por las actividades humanas.
Los científicos nos avisan de que al invadir los ecosistemas forestales, destruir los hábitats de muchas especies y manipular las plantas y los animales para obtener beneficio económico fomentamos la aparición de nuevas enfermedades. A lo largo de los últimos 50 años han aparecido 300 nuevos patógenos. Está sobradamente documentado que un 70 % de los patógenos que afectan al ser humano, entre los que se encuentran el VIH, el ébola, la gripe, el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés) y el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés) surgen cuando se invaden los ecosistemas forestales y los virus se transfieren de animales a personas. Cuando se apiñan animales en granjas industriales para maximizar los beneficios afloran nuevas enfermedades como la gripe porcina o aviar.

La avaricia humana, que no respeta los derechos de otras especies ni los derechos de los miembros de nuestra misma especie, es la raíz de esta pandemia y de las pandemias que la seguirán. Una economía global basada en la ilusión del crecimiento ilimitado se traduce en un apetito insaciable por los recursos planetarios, lo que en consecuencia se traduce en una ilimitada transgresión de los límites del planeta, de los ecosistemas y de las especies.

La tercera lección que nos enseña el virus es que la emergencia sanitaria está relacionada con la emergencia de la extinción masiva de especies. También con la emergencia climática. Al usar venenos como insecticidas y herbicidas para matar insectos y plantas es inevitable provocar una crisis de extinción. Al quemar combustibles que la tierra fosilizó hace 600 millones de años transgredimos los límites planetarios. La consecuencia es el cambio climático.

Los pronósticos de los científicos establecen que si no frenamos esta guerra antropogénica contra la tierra y las especies que la habitan, en cien años habremos destruido las condiciones que permiten a los humanos vivir y prosperar. Nuestra extinción será una más de las 200 que se producen a diario. Nos vamos a convertir en una especie en peligro de extinción por la avaricia, arrogancia e irresponsabilidad humanas.

Todas las emergencias que en la actualidad ponen en peligro vidas tienen su origen en la visión mecanicista, militarista y antropogénica de los humanos como seres al margen de la naturaleza, como amos y señores de la tierra que pueden dominar, manipular y controlar a otras especies como fuentes de beneficio. También tienen su origen en un modelo económico que considera los límites ecológicos y éticos como obstáculos que se deben superar para aumentar el crecimiento de los beneficios empresariales. En ese modelo no caben los derechos de la Madre Tierra, los derechos de otras especies, los derechos humanos, ni los de las generaciones futuras. Durante esta crisis y la recuperación tras el confinamiento, necesitamos aprender a proteger la tierra, su clima, los derechos y los hábitats de las diferentes especies, los derechos de los pueblos indígenas, de las mujeres, de los agricultores y agricultoras y de los trabajadores y trabajadoras.

Tenemos que romper con la economía del lucro y el crecimiento ilimitado que nos ha llevado a una crisis de supervivencia. Tenemos que aprender de una vez por todas que somos miembros de la familia planetaria y que la verdadera economía es la economía de los cuidados: el cuidado del planeta y el cuidado mutuo.

Para prevenir futuras pandemias, hambrunas, y la perspectiva de convertirnos en sociedades en las que la vida humana no tenga valor, tenemos que romper con el sistema económico global que está generando el cambio climático, la extinción de muchas especies y la propagación de enfermedades mortales. La vuelta a lo local deja espacio para que las distintas especies, las diferentes culturas y las variadas economías locales se desarrollen.

Tenemos que reducir de manera consciente nuestra huella ecológica para dejar recursos y espacio disponibles para otras especies, para el resto de seres humanos y para las generaciones futuras. La emergencia sanitaria y el confinamiento ha demostrado que cuando hay voluntad política, se puede revertir el proceso de globalización. Hagamos que esta reversión sea permanente y volvamos a la producción local y de cercanía en línea con los principios del swadeshi (autosuficiencia) que promulgaba Gandhi, es decir, el restablecimiento de la economía doméstica.

Nuestra experiencia en Navdanya nos ha enseñado a lo largo de tres décadas que los sistemas de producción de pluricultivos locales y ecológicos son capaces de proveer de alimento a la población sin empobrecer el suelo, contaminar el agua ni dañar la biodiversidad.

La riqueza de la biodiversidad en los bosques, las granjas, los alimentos que consumimos, la microbiota intestinal, es un hilo conductor que comunica el planeta y sus diferentes especies, también los seres humanos, a través de la salud, no de la enfermedad.

Un pequeño virus puede ayudarnos a dar un gran paso adelante para fundar una nueva civilización planetaria ecologista basada en la armonía con la naturaleza. O bien podemos seguir viviendo la fantasía del dominio sobre el planeta y seguir avanzando hasta la próxima pandemia. Y por último, hasta la extinción.

La tierra seguirá adelante, con nosotros o sin nosotros.

*L’article de Vandana Shiva l’ha traduït Gala Arias per al blog @RumorMultitudes d’@ElSaltoDiario.

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